Llevo más de cinco años trabajando con las cuentas del alumnado @g.educaand.es como una pieza estructural de mi práctica docente. No como un simple canal de comunicación, sino como la llave que abre la puerta a proyectos, herramientas, trabajos en curso y, sobre todo, a la autonomía digital del alumnado en módulos como Aplicaciones InformáticasComercio Electrónico o Digitalización de los Sectores Productivos. En este tiempo, esas cuentas han sido el punto de apoyo sobre el que he construido dinámicas de trabajo basadas en el uso real de herramientas digitales, creativas y profesionales, de esas que el alumnado va a encontrar fuera del aula cuando termine su formación.

Desde hace cuatro días —tras la vuelta de Semana Santa— algo dejó de funcionar.

Los correos que enviaba a mis alumnos empezaron a devolver este mensaje del sistema:

“550 5.7.1 Debido a medidas nuevas de seguridad, se ha procedido a bloquear el envío y recepción de correos externos…”

Tras contactar con el servicio de soporte, el Servicio CAUCE me confirmó que no se trata de un fallo, ni de una incidencia temporal, ni de una mala configuración. Es una medida deliberada y, según me indican, con vocación de permanencia:

El alumnado sólo podrá recibir correos en sus cuentas @g.educaand.es desde el propio dominio. No podrán recibir correos externos.

Dicho de otra forma: las cuentas institucionales del alumnado ya no pueden recibir correos de fuera de la Junta.

Lo que esto significa en un aula (no en un despacho)

En términos técnicos, la explicación puede parecer razonable desde un despacho: reducir riesgos, aumentar la seguridad, evitar posibles amenazas externas. Pero en el aula real, donde trabajamos a diario con herramientas digitales que forman parte del ecosistema profesional actual, esta medida tiene un impacto devastador. Hoy en día, prácticamente cualquier servicio educativo, creativo o profesional funciona con verificación en dos pasos. Esto implica que, al registrarse o iniciar sesión, el sistema envía un código de un solo uso al correo electrónico del usuario para confirmar su identidad. Herramientas que utilizamos con normalidad en clase como CanvaSketchUp o Leonardo.AI, junto a múltiples plataformas de edición de vídeo, audio, diseño, maquetación o desarrollo de comercio electrónico, han quedado de la noche a la mañana fuera del alcance del alumnado.

Y eso por no hablar de algo tan simple como usar una dirección de correo, de un dominio institucional (y supervisada) para contactar con personas externas. Ya sea para entrevistarles con motivo de algún trabajo, gestionar asuntos de sus prácticas laborales o inscribirse en un concurso educativo.

No pueden iniciar sesión, no pueden recuperar contraseñas, no pueden validar su identidad, en muchos casos, no pueden siquiera acceder a trabajos que ya tenían empezados o terminados desde cursos anteriores. Ni siquiera pueden contactar con alguien externo a la junta de Andalucía. Todo ello de la noche a la mañana, sin previo aviso.

La falsa solución: “que usen un correo personal”

La alternativa evidente que alguien podría plantear es: “que se hagan un Gmail o un Outlook y listo”. Sin embargo, esa alternativa no es realista ni responsable en el contexto de un centro educativo público. Esta solución implica que:

  • El alumnado (a veces menor de edad) acepte términos y condiciones que no debería aceptar sin supervisión.
  • Algunos servicios tienen edad mínima legal para crear cuentas.
  • No existe ningún control institucional sobre esas cuentas ni sobre su posible uso. Y ya ni hablemos de la gestión de contraseñas.
  • Las familias pueden no estar de acuerdo con que su hijo se registre y de datos personales a empresas extranjeras.
  • Muchos servicios exigen número de teléfono y SMS de verificación... pero parte del alumnado no tiene móvil y para los que sí... en la mayoría de los centros está prohibido el uso del móvil bajo cualquier circunstancia.

Es decir: la “solución” pasa por sacar el problema fuera del sistema educativo y trasladarlo a las familias y a menores.

Invertimos en ventanas, pero tapiamos puertas

Todo esto resulta especialmente contradictorio en un contexto en el que se están realizando importantes inversiones en pizarras digitales, dispositivos portátiles, conectividad, programas de digitalización y formación en competencia digital docente. Las aulas son cada vez más tecnológicas, pero las cuentas que deberían permitir al alumnado interactuar con el entorno digital real son cada vez más limitadas. Se promueve la digitalización mientras se restringe, de forma creciente, el uso auténtico de las herramientas digitales que existen fuera del ecosistema cerrado de la administración.

Lo más preocupante es que esta no es solo una cuestión técnica, sino profundamente pedagógica. Lo que se está bloqueando no es simplemente el spam o el correo no deseado; se está bloqueando el acceso a herramientas creativas, la continuidad de proyectos, la autonomía digital del alumnado y la conexión entre lo que enseñamos en el aula y la forma en la que se trabaja en el mundo profesional. Estamos intentando enseñar competencias digitales con cuentas de correo que no pueden interactuar con el exterior digital, como si quisiéramos enseñar a navegar manteniendo el barco amarrado al puerto.

Y por supuesto, no hay alternativa

En el intercambio de correos mantenido con el Servicio CAUCE, no se plantea ninguna alternativa: no existen excepciones para centros, no se contemplan listas blancas de dominios de confianza, no hay posibilidad de configurar perfiles con distintos niveles de apertura según las necesidades pedagógicas. Se trata de una restricción global, aplicada de manera uniforme, sin atender a la diversidad de usos reales que se hacen de estas cuentas en los centros educativos.

Después de años animando al alumnado a utilizar herramientas creativas, generativas y profesionales, a trabajar como se trabaja fuera del aula y a construir una identidad digital vinculada a su aprendizaje, hoy me veo en la tesitura de tener que explicarles que no pueden acceder a sus propias cuentas porque su correo institucional ya no puede recibir mensajes del mundo real. Y eso, más que un avance en seguridad, se siente como un retroceso muy significativo en educación.